martes, 15 de mayo de 2012

Tengo algo que deseas

¡Hola a todos! Hago un llamamiento a los Gamers para que vean este corto vídeo. Son solo siete segundos, y creo que reconocerán rápidamente lo que yo creo que les gustaría tener.



Estoy en época de hacer trabajos, estudiar para los exámenes, y audiciones del conservatorio, así que ando bastante liada como para pasarme por canales/blogs (cosa que me molesta, porque hay varios que tengo ganas de ver/leer). El día 14 de junio sobre las 9 de la noche habré terminado mi último examen (sí, tengo un examen a esas horas, a las siete de la tarde en concreto)  Seré libre, y podré estar mucho más atenta y recuperar el tiempo perdido.

Por ahora, disculpadme si no estoy muy atenta.

Como siempre, para no dejar esto muerto, programo escritos.

¡Besos!

domingo, 13 de mayo de 2012

¡Magdalenas!

¡Hola a todos! Este vídeo es un corto (bastante corto) que hice con mi compañera Heartbreaker, la cual le tengo un especial cariño. Fue un día que quisimos hacer magdalenas en casa, y recordé que teníamos la cámara a mano.

¡Espero que os guste!


Si os gustan los vídeos, no olvidéis suscribiros al canal :)

viernes, 11 de mayo de 2012

Capítulo XVIII: K

Lo que por mi mente pasaba en estos momentos era esto: ¿Cómo había llegado hasta aquí?
Estaba sentado en el suelo, y tenía un aspecto lamentable. Mis pantalones estaban rotos y podía ver perfectamente cómo sangraban mis rodillas. No sentía apenas dolor, aunque lo gesticulaba.
Intenté levantarme, pero unas cadenas me lo impidieron; estaba atrapado.

Tenía grilletes tanto en los tobillos como en las muñecas, y me estaba preocupando ya todo esto.
¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba de ésta manera?
Mi vista comenzó a nublarse levemente, e intenté mirar al frente.

No había nada, sólo oscuridad, pero algo hizo que mi corazón temblara y comenzara a latir a tal velocidad que me asustó.

Poco a poco, se fue viendo una figura. Era alguien alto, y sus ropas estaban tan rasgadas como las mías. Reuní fuerzas suficientes para alzar la cabeza y mirarle a los ojos.
Sentí un escalofrío por todo el cuerpo. Era yo.
Estaba sonriendo, y estaba tirando de algo. Sacudí la cabeza, e intenté que mis ojos me funcionaran correctamente, porque lo veía casi todo borroso.
Fue sólo desearlo con ganas, y ya pude ver mejor lo que tenía.

Ojalá no lo hubiera hecho.
Su mano aferraba el cuello de Victoria. En su rostro no hallé ni un ápice de dolor, así que sólo pude pensar una cosa.
Estaba muerta.
No pude contenerme. Grité una y otra vez su nombre, intenté soltarme, pero todo era inútil. Quería correr hacia ella, abrazarla, pedirle perdón por todo, hacer lo que nunca hice cuando ella estaba con vida.
Escuché la risa del ser que la había matado. Le clavé mis ojos, enfurecido.
-¿¡Qué le has hecho!? ¡¡LA HAS MATADO!! ¡¡ESTÁ MUERTA!!
Mis gritos no le borraron la sonrisa de los labios. Tiró a mi amiga como si fuera un papel usado, y se arrodilló ante mí.

-Yo no la he matado. -Susurró el chico. -…Has sido…
Dos segundos… Sólo fueron dos segundos cuando parpadeé…


-…Tú.
Justo cuando dijo tú, y abrí los ojos de mi parpadeo, vi el rostro de Jared, mi hermano, ante mí.

Me quedé pálido, y miré el cuerpo inerte de Vic.
El chico se había acercado a mi oído, y me estaba susurrando una y otra vez la misma frase:
-Has sido tú, has sido tú, has sido tú…
Apreté los ojos con fuerza.
-¡¡No!! ¡¡No he sido yo!!
-Mírate las manos.
Y lo hice. Miré mis manos, asustado, y pude ver cómo éstas estaban llenas de sangre.

No pensé ni por un instante dónde habían ido a parar los grilletes, estaba demasiado concentrado observando cómo el líquido rojo iba bajando por mi brazo. Volví a mirar a mi amiga, y pude ver un agujero grande en su pecho, del tamaño de un puño, justo en la zona del corazón.
No podía creerlo…

Jared se levantó, y siguió riéndose, cada vez más y más fuerte.
-¿Adivinas quién tiene el corazón?

-¡¡Yo no he sido!!
No me había dado cuenta de que había despertado del sueño. Había gritado en la realidad, y eso me dejó un poco tocado.

Sacudí la cabeza, y me fijé en que estaba ahora mismo sentado. Me tiré a la cama cual tronco caído, agotado.
Sólo había sido un sueño, pero me había dejado bastante tocado. ¿Querría decir algo, o es sólo uno de éstos sueños que te dejan mal sabor de boca por nada? En el fondo sabía que no podía saberlo. Lo único que sé es que me había afectado.


Posé mis manos en mi rostro. No se me iba el cuerpo de Victoria, muerta, y su sangre en mis manos.
Me fijé en ellas. Mis dedos, algo huesudos, con las uñas largas y afiladas. Esos dedos que hace poco los había visto llenos de aquel líquido rojo…

La sangre de Victoria.

Era doloroso sólo pensarlo. Mi sueño me había dejado tocado, y lo que necesitaba era levantarme y ducharme.
Me incorporé de la cama, y busqué en mi armario algo que ponerme. Lo primero que encontré es mi chaqueta sin mangas negras, una camisa de manga larga blanca, y unos pantalones con cadenas en los lados. Me encogí de hombros y decidí ponerme eso.

Me daba igual si venía visita o no, una de mis manías era ir casi siempre arreglado. Como no me gusta especialmente salir de casa, la ropa no la aprovecho, y eso me da cierto coraje.
Justo cuando ya estaba metiéndome en la ducha, recordé lo que pasó ayer, y los gritos que le pegué ayer. Le dije que viniera hoy.
Mascullé insultos por lo bajo. Conociéndola, iba a venir.
Siempre pasaba lo mismo. Yo me enfadaba con ella, le gritaba, y al final ella siempre venía para arreglar las cosas. En parte eso me gustaba, porque ella no era la típica niña que pedía perdón aunque no tuviera la culpa, sino que exigía que se aclarara todo, y nunca me echaba las culpas. Era simplemente, dejarlo todo tal y como estaba antes de que sucediera la pelea, discusión o lo que fuera que estaba pasando.
Me duché rápidamente para prepararme. Ella vendría entre las cuatro y las seis de la tarde. Si llegan las ocho de la noche y no ha venido, una de dos: O tarda mucho en arreglarse, o no viene.

Sonreí. Recordarla siempre me hacía sonreír.
Gusto ese gesto me hizo daño en la mandíbula.
Dejé el agua caer por mi cuerpo, y me acaricié el torso con delicadeza. Tenía varias contusiones por el cuerpo. Concretamente tres en el tronco y cuatro en las piernas. También tenía varios arañazos por los hombros y el cuello.
No sabía cómo ocultarlo. Las heridas del cuerpo eran fáciles, pero por el labio y el cuello tenía también, y era lo que me preocupaba.

Me miré a los ojos, y luego me fijé en el resto de mi semblante. Debía agradecer en parte que Jared no me hubiera dejado un moratón en el ojo. De lo contrario no podría explicarlo con una excusa barata como “me he caído” o “he tropezado por la calle”.
Me vestí y bajé a la cocina. Me había despertado a las tres de la tarde. Ya mis padres habían comido, puesto que estaban los platos en el fregadero.
Iba a girarme para entrar a mi cuarto, pero alguien me abrazó por detrás.
-¡Explícate!
Era la voz de Christal.
-¿Explicarte el qué, enana?
Me soltó, y me rodeó para ponerse delante de mí.
-¿Por qué echaste de esa manera a Vic?
Torcí el labio, y me la quedé mirando, con los brazos cruzados.
-¿A tí qué te importa?
-Estuve consolándola como media hora. Los gritos que le pegaste… ¡te pasaste!
Parpadeé. Ya sabía que me había pasado, pero estaba histérico, y no tenía la cabeza donde la debía de tener.
-Lo sé, y ella vendrá hoy y le pediré perdón. ¿Contenta?
Se alejó un paso, y me señaló con su dedo acusador.
-¡¡Suplica tu perdón!!

Me acerqué a ella y le di unas palmaditas en la cabeza.
-Ni muerto.


Di media vuelta para irme, pero volvió a abrazarme.
-Fuera bromas… te pasaba algo.

Suspiré hondamente.
-¿Y?
-Es Victoria, tú nunca le harías eso a ella. A ella no.
Apreté los puños con fuerza. Claro que no. Si no hubiera estado mi hermano mi reacción hubiera sido de otra manera. No quería que ella pasara dentro de mi casa, pero tampoco la iba a echar si entraba. No soy tan imbécil.
-Christal… es que ayer estaba algo enfermo.
-Las enfermedades no hacen heridas en la cara. ¿Quién era el tío que salió de casa después de Vic?
Me deshice del abrazo de mi hermana, y la miré, asustado.
-¿¡No estabas en tu cuarto!?

Ella se mordió el labio, y desvió la mirada.
-Estaba preocupada y…

-¡¡No vuelvas a hacer eso!! Cuando esté así, cuando oigas ruido en mi cuarto o lo que sea, no salgas de tu habitación, ¿entendido?
-Pero…

-¡¡No salgas!! No hay más que hablar.
Di media vuelta para irme, pero me choqué con mi padre.

-Mier…
-¡Niño! No grites a tu hermana.
Me lo quedé mirando, contendiendo la rabia.
-Es que cogí una cosa de su cuarto, es culpa mía. -Se disculpó mi hermana.
Me quedé blanco. ¿Ella defendiéndome? Era raro que lo hiciera.

Le sorprendió hasta a mi padre, que la miraba blanco.
-¿Ah, sí? Pues… no vuelvas a hacerlo, cielo. -Sonrió.

Me crucé de brazos.
-¿A mí me regañas y a ella no?

Mi padre se cruzó de brazos. Puso mi misma posición.
-¿Quieres que te pegue un guantazo?

Gruñí algo por lo bajo.
-Vale, vale, me callo…
Sacudí la cabeza y me dirigí a mi cuarto. Iba a encerrarme allí y esperar a que Vic llegara.
Me tumbé en mi cama, y contemplé el cuadro que estaba frente a mí. Me quedaría mirándolo toda la vida si pudiera, porque era lo único que me hacía estar en calma cuando me encontraba nervioso, enfadado, o simplemente sólo.
Me estaba empezando a quedar dormido, cuando escuché que golpeaban la puerta.
-K… soy yo, Vic.

Camino hacia lo infinito


La perfección es algo que está muy lejos de este mundo. Ahora creemos que, por jugar a ser Dioses con nuestras vidas, podemos crear algo tan inalcanzable, que nos sentiremos cohibidos ante la sola presencia de aquello que hemos hecho.
No deberíamos buscar tanta ansia de perfección externa, ya que la interna se apaga. Deberíamos encontrar un camino hacia lo infinito. Ese largo paseo nos conduciría hacia aquello que anhelamos: la perfección.
Pero dicha perfección... no es la que ansiábamos.
No es lo que deberíamos querer.
Es algo que va más allá de lo físico, más allá incluso de lo moral.
Es el ser humano en el clímax de su vida.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Sedentario


Era un tipo corriente. Tenía mis necesidades, como cualquier otro ser humano, y por eso hacía las cosas que todas las personas hacían en sus vidas diarias. Por ello, jamás entenderé esa absurda manía que tenía Natalia de criticarme por no hacer algo diferente.
¿Tengo acaso pinta de inventor? ¿Es que todos tenemos que ser pura magia y originalidad? ¿No puede estar bien visto alguien que no quiera exponer nada nuevo, porque prefiere tener una vida sedentaria, tranquila y monótona?
Parece que no.
El diferente está tachado de marginal, pero a la vez, si no eres diferente, más aún te tachan de lerdo. No entiendo a la gente.
Seguiré, pues, mi camino, ya que haga lo que haga, no valdrá ni la mitad de lo que en otros tiempos valió.

lunes, 7 de mayo de 2012

Lágrimas Gemelas: Prólogo

En vista de que en la encuesta había 14 votos para poner el prólogo y 0 votos para que no, lo expongo para que lo veáis. Espero que os guste y comentad si habéis visto algún fallo, creéis que se podría mejorar, o por el contrario os ha gustado. ¡Besos!


Prólogo
Poeta y poeta.
Meras almas en pena. Almas que se dejan llevar por la locura de vivir en tinieblas.

-Te dejo –Sus palabras hicieron eco en la cabeza de la muchacha, que miraba el suelo como si hubiese en él alguna respuesta que ofrecerle a su emisor.
Sin embargo, por mucho que buscase, no encontraba nada. Habían escrito juntos tantas historias, habían estado en tantas adversidades al pie del cañón, que toda esa escena parecía ser de una historia. Una trágica escena digno de un final inundado de lágrimas.
-Pero… ¿por qué? –Pudo decir, con un hilo de voz

Poeta y poeta.
Él la mira. Ella le mira. Uno piensa y otro escucha. Ambos olvidan el pasado, y centran sus sentidos en el momento en el que sus versos carecen de sentido y belleza.

-No sé lo que siento por ti. No es amor, ni tampoco indiferencia, por ello creo que lo mejor es que nos separemos, y que ni tan siquiera nos crucemos durante un tiempo.
Ella sacudió la cabeza, sin comprender lo que oía.
-¿Y todos esos versos? ¿Y todas tus palabras de amor? ¿Y todos esos mensajes? ¿Y toda esa muestra de amor durante meses?
No podía mirarla a la cara. Darle respuestas a esas preguntas eran, cuanto menos, irrelevante. ¿Qué importaba ahora qué quería decir cada poema compuesto para ella? Cualquier palabra que saliera de sus labios sólo servía para alimentar más el dolor en el alma de quien fue, durante unos meses, su compañera de viaje y pasiones estampadas en la cama y en papel.
Le había hecho demasiado daño en los últimos tiempos, ignorándola y tratándola como bien le daba la gana. Eso no era vida para nadie, y por muy narcisista que pudiera llegar a ser, no le deseaba a nadie el trato que le había dedicado a la muchacha en los últimos dos meses, donde el amor, anteriormente procesado, se había quedado en un pretérito difuso.
Intentó contemplar sus ojos. Ella no lo merecía, no después de haberle tratado con todo el cariño y respeto del mundo. Le tenía demasiado aprecio como para permitir que sufriera.
Pero no el suficiente como para continuar a su lado como novio.
Por ello, solo pudo decir:
-Lo siento.

Poeta y poeta.
Tan parecidos, y a la vez tan diferentes. Uno calla entre tristezas y soledades de humo, y otro en busca de la felicidad para alimentar el alma vacía de un ser etéreo para el mundo. Ambos, sin darse cuenta, estaban vinculados por el destino. Sin embargo, el caprichoso sino decidió separar sus historias antes de tiempo.
Porque, de forma acelerada, uno de los dos había conseguido arrebatarle su poder y pluma, y darle una copia de sí mismo en forma de ojos apagados.

Se dio la vuelta, y comenzó a caminar, sin esperar que ella le dijera nada.
Aun así, ella gritó.
-¡Imbécil! ¡Idiota! ¿¡Quién crees que eres para hacerme esto!? ¿¡POR QUÉ NARICES HAS TENIDO QUE HACERME ESTO!? ¡¡Te dije que no estuvieras conmigo si no me amabas!! ¡¡Te dije que me enamoraría!! ¡¡TE DIJE QUE ME VOLVERÍA LOCA SI ME DEJABAS!!
A cada paso, los gritos se iban transformando en susurros, hasta acabar en simples murmullos inaudibles. No quería correr, ni tampoco acercarse a ella para consolarla. En el fondo, ni sabía lo que quería.
Ni siquiera le había dado unos motivos por los que la había dejado, y no estaba dispuesto a ver a una mujer despechada por él. Estaba harto de verlas a todas igual, y cansado de buscar palabras bonitas, que servían de tiritas de caída rápida.
Ella, por su parte, siguió gritando, con la esperanza de que recapacitase, pero fue en vano. Ni apareció al estilo de príncipe azul, ni tan siquiera se peleó con ella por montar un espectáculo innecesario.
Nada. Vacío.

Poeta y poeta.
Destinados a participar en una guerra fría etérea y real. Algo que, sin creer que sea posible,  marcará una etapa de sus vidas.


sábado, 5 de mayo de 2012

Caminos


Caminos que se cruzan, que se alinean, y luego se separan.

Situaciones límite que no tienen ningún sentido, y que te hacen pensar que cada paso dado no ha tenido valor para nadie, ni tan siquiera para uno mismo.
El caos que se avecina tiene nombre de avenida.